El crimen de la Real Academia

El lema de la Real Academia siempre fue «fija, limpia y da esplendor» a la lengua española. Se supone que se trata del organismo de referencia en lo que concierne al español, cuyo principal objetivo es salvaguardar nuestro idioma y ser un ejemplo de lo que es el lenguaje culto y académicamente correcto. Sin embargo, hace no mucho tiempo se empezó a decir que la Academia tenía que ser el reflejo de la lengua que se usa, del uso del idioma que hacen los hablantes.

Teniendo en cuento lo mal que habla la gente y la cantidad de veces que se dan «patadas al diccionario» no es de extrañar que nos encontremos ante barbaridades tales como las que hoy podemos ver en el Diccionario de la Academia. Palabras como «asín, descambiar, almóndiga, toballa», y así hasta un total de 20 vocablos que hasta ahora eran parte del lenguaje vulgar o términos pertenecientes a distintas jergas, han pasado a formar parte del DICCIONARIO (cosas como «papichulo, culamen o friki» también están aceptadas a partir de hoy). Una de la razones para la inclusión de estos términos es que un gran número de personas los usan y, por lo tanto han pasado a ser términos representativos de la lengua. Sin embargo, no se puede pretender mantener una lengua si cada vez que una palabra es muy utilizada pasa a ser académicamente correcta. Una cosa es lo que la gente dice y otra bien distinta es lo que puede considerar «hablar bien», no tiene nada que ver. Hay muchas cosas que están generalizadas y no por eso pasan a ser correctas a estar bien consideradas

La inclusión en el diccionario de vocablos como estos supone, en mi opinión, un verdadero crimen contra nuestra lengua. Es cierto que no se puede ser ni tan purista ni tan descuidado. Bien es cierto que la lengua es algo vivo y en continua evolución, y la Academia debería reflejar el uso de la lengua pero con unos límites. No creo que sea cuestión de admitir palabras que hasta ahora han sido consideradas vulgarismos o términos utilizados por los que no eran muy duchos en el uso del lenguaje. Si la Real Academia actúa así, ¿quién se va a ocupar a partir de ahora de nuestra lengua? ¿quién velará por ella?

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *