La noche de San Juan

Ayer se celebró la Noche de San Juan. En sus orígenes se trataba de una celebración pagana que conmemorabasan juan la última noche de la primavera que era el día con más horas de sol. Se creía también que ese día era el ideal para ahuyentar a los malos espíritus y atraer los buenos. La tradición pagana marcaba que, para ayudar al sol a pasar el trance de su menor permanencia en los cielos, para darle más fuerza, había que encender hogueras para animarle, para prolongar la luz.

La noche de las hogueras era un día mágico, un inmejorable momento para espantar a los malos espíritus, romper con lo malo del año (por eso se quemaban enseres antiguos) y hacer votos por el amor y la fertilidad. Hay ritos de todos los gustos: lavarse la cara, saltar las hogueras, bañarse en el mar de noche… todo en busca de que se cumplan los deseos.

Con la llegada del cristianismo la fiesta de San Juan se mantuvo pero perdió su carácter mágico y adquirió un nuevo significado. Según los textos sagrados, Zacarías mandó encender una hoguera para anunciar a sus parientes el nacimiento de su hijo, Juan Bautista, que coincidía con la noche de solsticio de verano. Para conmemorar esa fecha, los cristianos del medievo encendían grandes hogueras y celebraban diversos ritos a su alrededor. 

La tradición de las hogueras se ha mantenido hasta nuestros días, así como el nombre de la noche de San Juan, a pesar de que la fiesta se ha vuelto a paganizar (más bien a popularizar), y la noche de las hogueras se asocia al inicio del verano, el final del curso académico y al regreso de los ciudadanos a las calles con el buen tiempo (y la bajada del calor del día).

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